Quédate en el lugar de la promesa
Génesis 12:1–20
Pastora Haidee Tavárez
31 de agosto de 2026
En Génesis 12 encontramos a Abraham siendo llamado por Dios a salir de su tierra y dirigirse al lugar que Dios le mostraría. Abraham salió con una palabra y una promesa de parte de Dios.
Pastora Haidee también nos lleva al capítulo 11 de Génesis, donde vemos que Taré salió de Ur de los caldeos con Abraham, su esposa y Lot, con destino a Canaán. Sin embargo, se detuvieron en Harán y se establecieron allí. Esto nos muestra cómo muchas veces podemos acomodarnos en una zona de confort y detenernos antes de llegar al lugar donde Dios nos está llevando.
Cuando Dios nos llama a avanzar, debemos caminar bajo Su dirección y no permitir que las limitaciones, las personas o nuestro pasado nos impidan continuar.
Más adelante vemos que Abraham salió de Canaán hacia Egipto debido al hambre que había en la tierra. De manera similar, en Rut 1 encontramos a Elimelec y su familia saliendo de Belén hacia Moab por causa del hambre.
Pero hay una diferencia importante entre ambas historias: Abraham salió con una promesa y una palabra de Dios, mientras que Elimelec salió por una circunstancia.
Por eso, Pastora Haidee nos invita a hacernos una pregunta cuando enfrentamos una decisión:
“¿Estoy saliendo porque Dios me está guiando o porque las circunstancias me están empujando?”
Una promesa de Dios no significa que no habrá dificultades. Podemos atravesar tiempos difíciles, pero esos procesos también pueden ser parte de alcanzar la promesa. Dios nos procesa de diferentes maneras y utiliza esas experiencias para formar nuestras vidas.
La aflicción y el dolor no significan que Dios nos haya abandonado. Donde nosotros vemos aflicción y dolor, Dios ve propósito. Por eso, no debemos permitir que lo que estamos viendo debilite nuestra fe ni movernos por emociones.
Abraham regresó a Canaán y la promesa continuó. Noemí regresó a Belén y el propósito continuó con ella. Nada de lo que habían atravesado detuvo el propósito de Dios.
Pastora Haidee nos recuerda las palabras de Habacuc: aunque no haya fruto, alimento o provisión visible, podemos alegrarnos en el Señor y esperar en Él.
La promesa no terminó en Abraham. Nosotros también somos parte de esa herencia y de esa promesa.
Por eso, no abandones lo que Dios ha puesto en tus manos por causa de una circunstancia o una prueba. Aunque todavía no veas el cumplimiento, quédate en el lugar donde Dios te ha llamado.
La prueba puede cambiar el escenario, pero la fidelidad de Dios no cambia.
Confía en el Señor. Si Dios te ha dado una palabra y una promesa, no la sueltes.
La promesa sigue en pie.
Quédate en el lugar de la promesa.
Espera en el Señor.